Forma parte de ese grupo selecto de citas que los amantes de los videojuegos no pueden pasar por alto. Y Madrid Gaming Experience 2016 se presenta con una edición que los hará disfrutar a lo grande. Una edición donde la gran protagonista será la realidad virtual tanto para consolas como para PC.

Con 2.000 metros cuadrados, la feria será la mayor exposición realizada hasta ahora en España con los juegos de realidad virtual como protagonistas. Juegos que proporcionan experiencias únicas, desconocidas hasta ahora, con unas cotas de realismo asombrosas. Y, para que puedan vivirlo y experimentarlo, nada menos que 40 arenas de juego para competiciones de todo tipo. Por supuesto los últimos juegos sacados al mercado tendrán un papel protagonista.

Pero la cita no estaría completa sin otros atractivos. Uno de ellos son las competiciones oficiales, en el MGE será el escenario donde los ocho mejores equipos españoles de League of Legends se enfrenten en las fases previas y en la final del ESL Masters España.

¿Es todo? Evidentemente no. Espacio también destacado para la robótica. La Liga Nacional de Robótica celebrará en IFEMA la primera jornada de su temporada número nueve. Gracias a ello se podrán contemplar los más increíbles y sofisticados robots. Pero para aquellos que no llegan al nivel de competición y quieren participar activamente, habrá interesantes talleres.

Habrá, además, concursos de cosplay y de karaoke y actuaciones en directo. Y, la ya mencionada ELS, la conocida plataforma de e-sports, contará con un espacio de más de 3.000 metros cuadrados donde mostrarán sus novedades y ofrecerán todo tipo de actividades a los visitantes de la feria.

Parece mucho, pero todo lo anterior no es más que un aperitivo de Madrid Gaming Experience una cita ineludible para gamers fanáticos y para curiosos, porque lo cierto es que en este espacio el aburrimiento no tiene cabida, porque aquí no se mira, se juega y se experimenta.

España tiene una magnífica selección femenina de baloncesto, hasta tal punto, que sus resultados han superado en los pasados Juegos Olímpicos de Río a los del equipo masculino. Los chicos lograban el bronce, las chicas, la plata. Pero, como suele ocurrir en el deporte, la gesta de las féminas ha pasado casi de puntillas.

Una auténtica lástima, porque la evolución de la selección española de baloncesto femenino ha sido mucho más que importante en el último cuarto de siglo. La historia de sus éxitos comenzaba en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, donde consiguió un entonces más que meritorio quinto puesto.

Pero ese era solo el pistoletazo de salida para muchos éxitos, jalonados, eso sí, por alguna que otra decepción. Sin embargo, el palmarés de nuestra selección femenina no es como para pasarlo por alto. En los Campeonatos del Mundo han conseguido plata y bronce (2014 y 2010, respectivamente). Han sido medalla de oro en los Juegos Mediterráneos de 1991 y bronce en los de 1993, 2001 y 2005. Y en el Eurobasket consiguieron el oro en 1993 y 2013; la plata en 2007 y el bronce en los años 2001,2003, 2005, 2009 y 2015.

Si a todo ello le añadimos la plata recién conseguida en Brasil, es innegable que el palmarés de nuestras chicas poco tiene que envidiarle al de la selección masculina. El equipo dirigido por Lucas Mondelo ha demostrado que tiene arrojo y fuerza como para enfrentarse a cualquier rival y, lo que es más importante, que tiene ilusión. No había más que ver a las chicas demostrar su alegría por haber conseguido la plata, ni lamentos ni tristeza, lo suyo había sido una auténtica gesta, lo sabían y lo disfrutaron.

Lástima que los laureles a veces no tengan el mismo valor cuando se trata de selecciones masculinas y femeninas. Porque el trabajo, el esfuerzo y las ganas de ganar son las mismas. También los resultados, aunque no se valoren por igual.

Nada más ganar un bronce con la selección española de baloncesto, José Manuel Calderón anunciaba que no volvería a jugar con la camiseta del equipo español. Era una despedida tal vez esperada, pero no por ello menos emotiva. Deja atrás Calderón 14 años de juego representando a España en los torneos internacionales. 14 años en los que ha ganado casi todo vistiendo los colores de la selección, nada menos que ocho medallas.

Él es uno de los “chicos de oro” de una generación del baloncesto español que pasará a la historia por su éxitos, por su sencillez y por su compañerismo. Una generación que ha destacado por sus triunfos, pero también por su espíritu de equipo, su humildad y su cercanía, como demostraba José Manuel Calderón en su despedida de la selección. El primero de estos magníficos veteranos en retirarse del equipo español.

Pero este no es el final de la carrera deportiva de Calderón. Aún le quedan algunos años en el deporte activo. De momento, seguirá jugando en la liga americana, en la que ostenta un récord, el de mejor porcentaje de tiros libres en una temporada regular, nada menos que un 98 por ciento de aciertos.

Los Angeles Lakers es su equipo actual, pero la carrera de Calderón es larga y ha ido dejando su calidad de juego en muchos clubes. Comenzaba en el CB Lucentum Alicante en la temporada 1999-2000; dos años más tarde jugaría con el Baloncesto Fuenlabrada y a partir ahí su carrera despegó de manera imparable. Ha jugado en el Tau Cerámica, en el Toronto Raptors, los Detroit Pistons, los Dallas Mavericks y los New York Knicks, antes de llegar a su equipo actual.

Y, todo ello, sin pasar por alto una de sus facetas más hermosas. No solo es un gran deportista, es una gran persona, como lo demuestran el cariño de todos sus compañeros y su labor como embajador de la UNICEF.

Cuando pensamos en zonas verdes y parques de Madrid, inmediatamente nuestros pensamientos se dirigen a la Casa de Campo, el Parque del Retiro y, desde no hace mucho, a Madrid Río. Pero Madrid tiene un verdadero tesoro natural que pocos conocen: la Quinta de los Molinos.

Un parque situado al final de la calle de Alcalá, a la altura del número 512, en el distrito de San Blas. Un distrito humilde que guarda una verdadera joya. Y es que la Quinta de los Molinos no es un pequeño parque escondido, es una enorme extensión de 25 hectáreas pobladas con olivos, pinos, eucaliptos y almendros.

En sus orígenes, este lugar fue propiedad del conde de Torre Arias. Una finca de recreo y agrícola que cedería en 1920 al arquitecto César Corto Botí a cambio de sus servicios. Él fue quien creó un maravilloso jardín que, sin embargo, quedó abandonado tras su muerte. En el año 1980 esta joya pasaba a manos del ayuntamiento de la capital, que se encargó de su recuperación y mantenimiento.

Gracias a ello hoy podemos disfrutar de un auténtico paraíso entre asfalto, un lugar dominado por el verde, con árboles, jardines, varias fuentes y estanques, un lago y algunos pequeños pero hermosos edificios. Un rincón de auténtica fantasía que invita a perderse por sus senderos y olvidarse del tiempo.

Un parque, además, especialmente hermoso cuando el frío aún no ha dejado paso a las suaves temperaturas de la primavera. ¿La razón? Los miles de almendros, que cuando florecen entre febrero y marzo crean una imagen absolutamente embriagadora, espectacular, una de esas imágenes imposibles de olvidar y que muy pocos asociarían a una gran capital como es Madrid.

Merece la pena conocer este hermoso rincón de Madrid, injustamente olvidado. Un rincón que sorprende y maravilla a partes iguales a aquellos que se adentran en él por primera vez.

Gran parte de quienes visitan Madrid lo hacen para recorrer las calles, museos y monumentos de la capital. Es una ciudad maravillosa, animada, llena de rincones únicos, es cierto. Pero más allá de la gran urbe hay lugares magníficos que a veces, lamentablemente, se pasan por alto.

No nos referimos a Aranjuez, con su romántico palacio y sus increíbles jardines. Tampoco al imponente y austero monasterio de El Escorial. Ni a la cuna de Miguel de Cervantes, Alcalá de Henares. Todos son también destinos turísticos de primera magnitud en la comunidad autónoma madrileña. Nos referimos a otros pueblos y espacios naturales de enorme belleza, aunque mucho más modestos.

Comenzamos por Chinchón, con su Plaza Mayor de balcones de madera y forma irregular, vigilada por la bonita iglesia de la Asunción, que en su interior guarda un cuadro de Goya. Y a muy pocos kilómetros otra joya desconocida: Colmenar de Oreja, también con una bonita plaza, una iglesia con una curiosa historia y el museo de un pintor local, Ulpiano Checa, que emociona a quienes lo visitan.

Del sur al norte, a Buitrago de Lozoya, con su magnífica fortaleza construida en un meandro del río. Haremos también parada en un pueblo pequeño y semiescondido en la sierra, pero encantador, un pueblo de casas de piedra y pizarra: Patones.

Y moviéndonos hacia el oeste, llegamos a Manzanares el Real, con un precioso castillo, magníficamente conservado y que mira hacia uno de los tesoros naturales de la comunidad: la sierra del Guadarrama. Entre los paseos imprescindibles en esta zona está La Pedriza.

Cruzamos de nuevo la comunidad para dirigirnos al este, a Nuevo Baztán, un peculiar pueblo cuyo casco histórico tiene apenas 300 años, pero que es un magnífico ejemplo de urbanismo barroco.

Son esas otras joyas de Madrid injustamente poco conocidas, esos lugares que solo se visitan en última instancia, pero que merecen ser mucho más populares por su historia, su belleza y su encanto.